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martes, 29 de julio de 2014

EN MISA DEL 28 DE JULIO... Todos tenemos una chispa

Tarde calurosa, mucho sol... la misa la ofició el cura sustituto que también vendrá a oficiarnos la próxima misa del viernes, cosa que se agradece, dado que aunque haya pocas misas en el pueblo, bueno es que vengan a oficiar aunque seamos tan poquitos.

La homilía versó en esta lectura.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,31-35):

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.» Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente.»
Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.»

El cura empezó diciendo lo curioso del origen de la iglesia, de cómo hasta nuestros días llegan los ecos de aquellos doce apóstoles que Jesús reunió consigo, esas doce personas que hoy en día se podrían considerar sencillos, unos tuerce botas (me hizo gracia que usase ese término... yo no creo que fuesen tan torpes) nos dijo que si hoy en día los hubiésemos escogidos para emprender cualquier empresa seguro que hubiésemos fracasado... pero, no obstante Jesús los eligió y anduvo con ellos haciéndoles partícipes de su vida, este hecho nos hace reflexionar sobre lo importante que somos todos para Dios, seamos como seamos, todos somos importantes y llevamos una "chispa" de Dios dentro de nosotros, no todos queremos o sabemos hacer que esa chispa se aumente y se haga grande, pero todos la tenemos... es pequeña, como el grano de mostaza de la parábola, pero siempre va con nosotros queriéndonos iluminar... Por último nos comentó una anécdota de hace unos días en el campamento para chavales de su parroquia, una vez expuesto el Santísimo unas horas, una niña de 13 años se puso a llorar de emoción, al preguntarle porque lloraba tanto, la niña dijo que había sentido la presencia de Dios a su lado.

Para acompañar, como siempre os dejo un cuadro, en este caso una obra del pintor ruso Igor Grabar, que lleva por título Una tarde de verano, fue pintado en 1923.


Cualquier tarde, mañana, en cualquier momento, todos podemos sentir la presencia de Dios de muchas maneras, pongamos empeño en dar lo mejor de nosotros siempre.