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domingo, 31 de agosto de 2014

EN MISA DEL 29 DE AGOSTO... No encasillarse en la vida

Tarde apacible y muy calurosa, agosto se despide con temperaturas altas...

La homilía se basó en esta lectura:

En aquel tiempo, Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto. La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados.
El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo doy.»
Y le juró: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.»
Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?»
La madre le contestó: «La cabeza de Juan, el Bautista.»
Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista.»
El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.

Nuestro cura nos dijo que Herodes tenía admiración por Juan y lo respetaba, pero aún y con todo sucumbió a los caprichos de su hijastra y cumplió con su macabro deseo, San Juan Evangelista es una figura muy particular, una persona que dejó todo su mundo y se apartó de todo, empezó con el bautizo a modo de purificación y fue feliz en el vientre de su madre cuando María fue a visitar a su prima y nada más llegar San Juan ya pegó sus saltitos, este detalle siempre me produce mucha ternura. Como dijo nuestro cura, San Juan renegó, se fue y vivió en el desierto alimentandose de lo que encontraba y esa vida espartana de total unión con Dios sirvió y sirve para muchas vocaciones y es un ejemplo de que en la vida nuestro destino no está ni mucho menos escrito, por eso no es bueno encasillarse y salir al encuentro, tal vez San Juan es un ejemplo muy radical, pero cada uno de nosotros podemos hacer mucho por buscar el silencio y el remanso tranquilo para encontrarnos sin prisas y con tranquilidad y paz con Dios, como bien dijo el cura, no solo busquemos ese encuentro en las iglesias, la iglesia es un sitio que nos acoge, pero Dios está en todas partes.

Para acompañar este comentario os dejo dos cuadros, el primero de Murillo que lleva por título Los niños de la concha, donde Jesús da de beber a San Juan con una concha, como la de los peregrinos... el cuadro fue pintado c. 1670.

Fuente: es.wikipedia.org

Y como contraposición os dejo este lienzo pintado en 1869 por el pintor francés Pierre Cécile Puvis de Chavannes y que lleva por título La decapitación de San Juan Bautista, me sobrecoge la manera de representar ese momento dramático y ver el rostro de San Juan tranquilo con las palmas abiertas hacia nosotros y que transmiten paz.