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lunes, 4 de agosto de 2014

EN MISA DEL 3 DE AGOSTO... Alimento del alma que sacia

Domingo tranquilo, seguimos con el cura sustituto, no hubo mucho silencio, cosas de las iglesias... pero aún así se respira paz.

La homilía versó en esta lectura

Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,13-21):

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.»
Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.»
Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.»
Les dijo: «Traédmelos.»
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

El padre G. el sustituto es peculiar en su manera de hablar y de poner ejemplos para que todos entendamos las cosas... empezó hablando de cuando éramos adolescentes (le calculo yo que tendremos la misma edad, el padre G por tanto rondará los treinta y pico) y que en las carpetas de los institutos nos dedicábamos esas poesías algo ñoñas de aquellos años mozos, y efectivamente así lo hacíamos, en los separadores escribíamos dedicatorias... y recordó una de esas bastante cursis que decía más o menos esto:

A la hora de desayunar no desayuno, pienso en ti.
A la hora de comer no como. pienso en ti.
A la hora de cenar no ceno, pienso en ti.
A la hora de dormir no duermo, tengo hambre.

Curioso que haya empleado esta especie de poesía adolescente para esta lectura, pero lo que quería decir es que cuando las personas estaban con Jesús se olvidaban de comer, de todo... dado que las palabras de Jesús les llenaban por completo, va más allá de que hiciera el milagro de los panes, va de buscar la paz de espíritu, de dar lo mejor, de hacer el bien aunque parezca que cuando hacemos algo no vayamos a solucionar nada o muy poco, en esto nos dijo unas palabras de la madre Teresa de Calcuta que decía que una gota en el desierto parece muy poco, una nimiedad, pero significa mucho para quien la da y para quien la recibe... y esto dió pie a que nos contara una pequeña anécdota de una amiga del cura, voluntaria en un albergue de Madrid donde van las personas totalmente desauciadas y que allí muchas de esas personas dicen que lo peor no es el hambre, la pobreza la total pérdida de todo, lo peor es que las personas que pasan al lado no les miren a los ojos... en fin, siempre podemos dar más de lo que damos, en nuestro entorno, en pequeñas cosas, haciendo el bien alimentamos nuestro espíritu, aunque no veamos una contrapartida, por que si la esperamos, entonces no lo estamos haciendo bien.

Y para acompañar, os dejo este cuadro precioso del artista Húngaro Béla Kontuly, pintado en 1930 y que lleva por título El Tíber en el puente Sisto.


Un momento de reflexión o de pensamiento viendo un río... ojalá pensásemos más las cosas y actuásemos con el corazón.