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jueves, 4 de junio de 2015

EN MISA DEL 3 DE JUNIO... No hay que desesperar

Mañana muy apacible, luce el sol y las temperaturas siguen siendo suaves, cosa que se agradece.

Ofició la misa el cura oficial (el de los chascarrillos) y su homilía se basó en esta lectura:

Lectura del libro de Tobías 3,1-1a.16-17a

En aquellos días, profundamente afligido, sollocé, me eché a llorar y empecé a rezar entre sollozos: «Señor, tú eres justo, todas tus obras son justas; tú actúas con misericordia y lealtad, tú eres el juez del mundo. Tú, Señor, acuérdate de mí y mírame; no me castigues por mis pecados, mis errores y los de mis padres, cometidos en tu presencia, desobedeciendo tus mandatos. Nos has entregado al saqueo, al destierro y a la muerte, nos has hecho refrán, comentario y burla de todas las naciones donde nos has dispersado. Sí, todas tus sentencias son justas cuando me tratas así por mis pecados, porque no hemos cumplido tus mandatos ni hemos procedido lealmente en tu presencia. Haz ahora de mí lo que te guste. Manda que me quiten la vida, y desapareceré de la faz de la tierra y en tierra me convertiré. Porque más vale morir que vivir, después de oír ultrajes que no merezco y verme invadido de tristeza. Manda, Señor, que yo me libre de esta prueba; déjame marchar a la eterna morada y no me apartes tu rostro, Señor, porque más me vale morir que vivir pasando esta prueba y escuchando tales ultrajes.» Aquel mismo día, Sara, la hija de Ragüel, el de Ecbatana de Media, tuvo que soportar también los insultos de una criada de su padre; porque Sara se había casado siete veces, pero el maldito demonio Asmodeo fue matando a todos los maridos, cuando iban a unirse a ella según costumbre. La criada le dijo: «Eres tú la que matas a tus maridos. Te han casado ya con siete, y no llevas el apellido ni siquiera de uno. Porque ellos hayan muerto, ¿a qué nos castigas por su culpa? ¡Vete con ellos! ¡Que no veamos nunca ni un hijo ni una hija tuya!» Entonces Sara, profundamente afligida, se echó a llorar y subió al piso de arriba de la casa, con intención de ahorcarse. Pero lo pensó otra vez, y se dijo: «¡Van a echárselo en cara a mi padre! Le dirán que la única hija que tenía, tan querida, se ahorcó al verse hecha una desgraciada. Y mandaré a la tumba a mi anciano padre, de puro dolor. Será mejor no ahorcarme, sino pedir al Señor la muerte, y así ya no tendré que oír más insultos.» Extendió las manos hacia la ventana y rezó. En el mismo momento, el Dios de la gloria escuchó la oración de los dos, y envió a Rafael para curarlos. Palabra de Dios.

Seguimos con el libro de Tobías y el cura nos habló de la lectura de hoy tachándola de un tanto dramática con desesperación e injusticia y nos dijo que muchos ante la desgracia y la desesperanza optan por quitarse la vida y esa tentación de matarse es una enfermedad en si misma, nos puso el ejemplo de Santa Teresa de Liseux que también tuvo esa clase de pensamientos... ante esto el cura dijo que a todas las personas con desesperanza y que piensen que quitarse de enmedio es la solución, a esas personas debemos ayudarlas con la oración, en la lectura se ponen de rodillas y rezan y así se libran de sus angustias (creo que el cura no ha visto a nadie muy desesperado, porque ante alguien con la mente muy ida no entiende que le digas que se arrodille y rece solamente con eso no se puede ayudarle sino se va a la raíz de su problema, eso creo yo...)

Prosiguió diciendo que muchas veces nosotros mismos no sabemos como salir de los problemas y nos invitó el cura a invocar al Señor y pedirle que nos envíe a nuestro ángel de la guardia para que no desesperemos.

Para acompañar este comentario os dejo este lienzo de la artista francesa Constance Charpentier, titulado Melancolía y que fue pintado en 1801.


Es fácil decir que rezándo se arregla todo, y es verdad que la Fe mueve montañas, pero hay que ver que le pasa a la persona, conocerlo, saber porque no encuentra una razón para seguir viviendo, no todos presentan síntomas, quizás melancolía... apatía... la vida es dura, la mayor parte del tiempo hay problemas, nos hacen daño, no vemos salida... pero a parte de darle ánimos con la Fe hay que acompañar a esa persona... y darle la mano para que salga de ese pozo al cual en su desazón no ve más que el fondo y no la luz que hay arriba.

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