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miércoles, 1 de julio de 2015

EN MISA DEL 30 DE JUNIO... En la barca, no vamos solos.

Calor, mucho calor... cielos totalmente azules y el sol apretando de lo lindo... en la iglesia se está bien fresquito.

La homilía del cura "no titular" se basó en esta lectura:

Lectura del santo evangelio según san Mateo (8,23-27):

En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. De pronto, se levantó un temporal tan fuerte que la barca desaparecía entre las olas; él dormía.
Se acercaron los discípulos y lo despertaron, gritándole: «¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!»
Él les dijo: «¡Cobardes! ¡Qué poca fe!»
Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma.
Ellos se preguntaban admirados: «¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!»

El cura empezó diciendo que en la lectura vemos que Jesús tenía el poder y dominio sobre la naturaleza por eso sus discípulos se admiraban, el Señor también pasa por nuestras vidas, vidas que son azotadas por vientos y tormentas pero que Él nos apacigua y como a sus discípulos también nos pone a prueba y a veces flaqueamos y no entendemos bien todo lo bueno que nos da y aunque parezca que no va con nosotros en nuestra barca, sí que lo hace, sobre todo cuando tomamos la comunión, cuando visitamos el sagrario y cuando buscamos un momento para hablar con El.

Para acompañar el comentario, os dejo dos cuadros preciosos y con un halo especial, se trata de dos piezas del artista estadounidense Bo Bartlett.



Y sí, la barca de la vida zozobra muchas veces y nos cuesta remar hacia delante, porque no vemos mucho más... pero siempre habrá algo más y mejor.

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